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Comodoro Rivadavia

20 de octubre de 1520: Hernando de Magallanes descubre el estrecho que lleva su nombre

La expedición parte de Sevilla el 10 de agosto de 1519. Tras una prolongada escala de avituallamiento, el 20 de septiembre la expedición zarpó definitivamente de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), con la intención de encontrar el paso marítimo hacia los territorios de las Indias Orientales y buscar el camino que recorriendo siempre mares castellanos (según el Tratado de Tordesillas), llegase a las islas de las Especias, lo que era la llamada ruta hacia el oeste, que ya había buscado Cristóbal Colón.

 

Cruce del Atlántico
Después de recalar en las Canarias, pasaron frente a las islas de Cabo Verde y a las costas de Sierra Leona, tocando las tierras de lo que hoy es Río de Janeiro el 13 de diciembre. Siguieron hacia el sur, pasando por el Río de la Plata (ya descubierto por Juan Díaz de Solís en 1516), en marzo de 1520, y llegaron a la bahía San Julián, que exploraron en busca de un posible paso. Magallanes, en vista de la llegada del invierno, decidió recalar allí hasta la primavera.

 

Rebeliones durante el invierno y llegada al Pacífico
El deseo de regresar en lo que se consideraba un fracaso por no haber hallado el paso hacia las Molucas, unido a lo inhóspito del paraje y las condiciones de navegación provocaron descontento entre la tripulación.
Apenas fondearon en el Puerto San Julián, cuando los capitanes de las otras cuatro naves tramaron un motín para matar al comandante en jefe. Los conspiradores eran: Juan de Cartagena, veedor; Luís de Mendoza, tesorero; Antonio Coca, contador; Gaspar de Quesada, capitán de la Concepción. Descubierto el complot, se descuartizó al primero, apuñaló al segundo y se perdonó la vida a Gaspar de Quesada por haber sido nombrado capitán por el Emperador en persona. Fue abandonado en tierra patagona junto a cierto sacerdote traidor. El piloto Esteban Gómez huido con la nave San Antonio, recaló en San Julián y les recogería a bordo a su regreso a España.

Llegados a la boca del que sería el estrecho de Magallanes, se ordenó a las naves Concepción y San Antonio cruzar el canal. La nave San Antonio, con Esteban Gómez, se adelantó para desandar el camino por la noche y regresar a España, recalando antes en el Puerto San Julián donde recogería a Gaspar de Quesada. La nave Concepción al mando del capitán Juan Serrano atraviesa el canal y espera en vano a la nave San Antonio. Cruzarlo fue muy difícil, dado lo complicado de las costas. Una vez terminadas estas minuciosas etapas consiguieron salir del «laberinto» hacia el mar del Sur.
La fortuna hizo que la travesía por el océano Pacífico, al que se bautiza con tal nombre (que permanecería, haciendo olvidar el anterior de mar del Sur) debido a la calma, a que no se encontrara con ninguna tempestad. Por contra, la desventura de no hallar tierra firme hasta al cabo de tres meses, cuando arribaron a la Isla de los Ladrones (probablemente la actual Isla de Guam) en el archipiélago de las Islas Marianas. La hambruna y el escorbuto azotaron a su tripulación, hasta el punto de que se pagaban cuantiosas monedas por una simple rata para devorar. El agua se pudrió, apareció el escorbuto y los hombres comían incluso cuero reblandecido y serrín.

Antonio Pigafetta relata:
La galleta que comíamos ya no era más pan sino un polvo lleno de gusanos que habían devorado toda su sustancia. Además, tenía un olor fétido insoportable porque estaba impregnada de orina de ratas. El agua que bebíamos era pútrida y hedionda. Por no morir de hambre, nos hemos visto obligados a comer los trozos de cuero que cubrían el mástil mayor a fin de que las cuerdas no se estropeen contra la madera… Muy a menudo, estábamos reducidos a alimentarnos de aserrín; y las ratas, tan repugnantes para el hombre, se habían vuelto un alimento tan buscado, que se pagaba hasta medio ducado por cada una de ellas… Y no era todo. Nuestra más grande desgracia llegó cuando nos vimos atacados por una especie de enfermedad que nos inflaba las mandíbulas hasta que nuestros dientes quedaban escondidos… .

En las Molucas, Magallanes y los suyos descubrieron que habían llegado al Extremo Oriente, cumpliendo el proyecto de Cristóbal Colón.
Magallanes pereció en la llamada batalla de Mactán con una tribu cebuana encabezada por el jefe tribal Lapu-Lapu, en la isla filipina de Mactán. Consiguieron instalar un almacén en Borneo, donde entablaron buenas relaciones con los indígenas. Sin medios y con una sola nave, capitaneada por Elcano, emprendieron el regreso por mares lusos, el camino más conocido, con tierras donde aprovisionarse, e intentando esquivar puertos y flotas portuguesas. La expedición llegó sólo con la Victoria de regreso a Sevilla en septiembre de 1522, al cabo de casi tres años de travesía. En total, 216 hombres perecieron durante el viaje, y solo 18, entre ellos Elcano, pudieron sobrevivir. Otros cuatro hombres de los 55 de la tripulación original de la Trinidad, que había emprendido una ruta de regreso distinta desde las Filipinas y fue capturada por los portugueses, regresaron finalmente a España en 1525.

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