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El papa Francisco canonizará a Artémides Zatti y se convertirá en el tercer santo argentino

El beato de la Iglesia Católica se transformará en el tercer santo argentino el próximo domingo, cuando el Sumo Pontífice encabece una ceremonia en el Vaticano.

El enfermero de la Patagonia

El próximo domingo el papa Francisco presidirá la ceremonia de canonización del argentino Zatti y del italiano Giovanni Battista Scalabrini, reconocido como patrono de los inmigrantes y refugiados.

El futuro santo Artémides Joaquín Desiderio María Zatti nació en Boretto (Reggio Emilia, Italia) el 12 de octubre de 1880, por dificultades económicas su familia emigró hacia la Argentina, para establecerse en Bahía Blanca. Al poco tiempo de instalarse, Artémides entró en contacto con la familia Salesiana y con la obra de Don Bosco. Siendo apenas un joven de 20 años quiso consagrarse a la vida religiosa y dio sus primeros pasos en el aspirantado de Bernal.

El joven Artémides, tras asistir a un sacerdote tuberculoso, contrajo tisis pulmonar, esta enfermedad le costaría el abandono del camino hacia el sacerdocio. Sin embargo, fue trasladado a Viedma donde sería ayudante del Padre Evaristo Garrone. Este sacerdote veía en Zatti a su sucesor y lo incentivó a realizar un voto, como símbolo de confianza y esperanza para mejorar su salud: “Zatti, prométeme dedicar tu vida a los enfermos y yo, en nombre de María Auxiliadora, te prometo la salud”, así se pronunció el padre Garrone en Río Negro.

Efectivamente el voto se cumplió y Artémides sanó y dijo: “Creí, prometí y sané”. A partir de 1908 decidió ser laico consagrado en la Congregación Salesiana y a partir de entonces se dedicaría a cuidar la salud de los enfermos, mayormente pobres o desamparados. Se desempeñó como farmacéutico y fue director del Hospital de Viedma tras la muerte del Padre Garrone.

“Hay que tener miedo a los vivos, no a los muertos”

Entre los rionegrinos sigue siendo recordado por sus famosas frases y ocurrencias: “¿No tienen una camita para Jesús?”, le preguntaba a las enfermeras.

Cada vez que el hospital estaba colmado de pacientes y no había cama para uno más, Don Zatti lo llevaba a su casa, lo acomodaba en su cama y él dormía en el suelo sobre una manta. Una noche no había espacio en la morgue, un paciente había fallecido y no había lugar para él. Se dice que Don Zatti lo cargó en sus hombros y lo depositó en su cama, mientras él descansaba en el suelo. Al siguiente día le preguntaron si había tenido miedo, inteligentemente contestó: “¿Por qué? … Dormíamos los dos… Hay que tener miedo a los vivos no a los muertos… Estos ni siquiera roncan…”.

Ya en vida tenía fama de santo y no conocía de horarios para la atención de un enfermo, ofrecía todo lo que tenía a los pobres. Los dones especiales que se le reconocen a Don Zatti son la capacidad de curar con su presencia, sus ocurrencias y su canto. Procuraba sanar el espíritu para que luego esa mejoría se trasladase al cuerpo. Uno de los médicos que conoció al “Enfermero de la Patagonia” aseguraba: “Don Zatti no sólo era un habilísimo enfermero para practicar sus curaciones, sino que él mismo era una medicina, porque curaba con su presencia, con su voz, con sus ocurrencias, con su canto…”.

Para Zatti no había imposibles, conseguía los medicamentos más costosos. Cuando llegaba a una casa muy humilde dejaba las medicinas y no dudaba en dejar junto a la cama del enfermo el poco dinero que poseía.

“Hay que saber tragar amargo y escupir dulce”

Merecen una mención aparte las deudas que Artémides había contraído para comprar los medicamentos para los enfermos. En cierta oportunidad se lo consultó respecto a las deudas que tenía y relajado contestaba: “¿Deudas? ¿Quién no tiene deudas? (…) La gran deuda es con el amor de Dios, que no hace diferencia”.

También se lo recuerda como el enfermero que visitaba a los pacientes en su bicicleta y llevaba su delantal blanco atado a la cintura. Don Zatti siempre les decía a los enfermos que se quejaban por el sabor de los remedios: “Yo ya sé que tiene gusto feo, pero justamente ahí está el secreto de la vida: Hay que saber tragar amargo y escupir dulce”.

El 15 de marzo de 1951 Don Zatti falleció. Previamente había sufrido un accidente en una escalera y haciéndole estudios le encontraron un cáncer hepático que él mismo se había autodiagnosticado. El 7 de abril de 1977 los Obispos Argentinos pidieron al papa Pablo VI que se iniciara el proceso de canonización. El 14 de abril de 2002 el papa Juan Pablo II lo declaró beato. El milagro que le permitió ser beato fue la curación de un joven seminarista llamado Carlos Bosio que padecía de una peritonitis que parecía incurable. Los compañeros del seminario iniciaron una novena a Don Zatti pidiendo una curación milagrosa. Entrada la Semana Santa, el médico preparó a los padres para lo peor. “No sé más qué hacer, yo mismo le pedí a la Virgen que me iluminara”, dijo el médico. El seminarista había pasado casi dos meses internado y estaba en estado de coma. “El Sábado Santo el muchacho pareció despertarse del sueño, se incorporó, y dijo: Don Zatti me está curando”, aseguraron los testigos y a la semana dejó el hospital.

En Viedma se construyó un monumento en su honor, además la calle principal lleva su nombre. El Hospital Regional, que supo recibir a Don Zatti, también tiene su nombre.

Recientemente el Concejo Deliberante de Viedma designó patrono de la capital rionegrina a Artémides Zatti.

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