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Comodoro Rivadavia

Francisco viaja a Canadá a pedir perdón por los abusos a indígenas.

Aquejado por sus dolores de rodilla, que en los últimos tiempos lo obligaron a moverse en una silla de ruedas, el Papa comienza hoy su 37° viaje internacional a un país con un 44 por ciento de católicos, en el que pedirá personalmente perdón a los pueblos ancestrales por los abusos cometidos contra ellos en internados católicos durante décadas.

Francisco mostrará su “indignación y vergüenza” a los pueblos indígenas locales por el sufrimiento recibido en esas escuelas residenciales, que funcionaron entre fines del siglo XIX y la década de 1970 y objeto del oprobio y el escándalo desde la revelación de sus oscuros secretos.
El papa Francisco emprende hoy una histórica visita de seis días a Canadá, un viaje “penitencial” para aliviar las cicatrices del pasado y pedir perdón por los abusos cometidos contra las poblaciones autóctonas en los internados católicos.

El pontífice, de 85 años, debilitado por un dolor en la rodilla, aterrizará en Edmonton, Alberta (oeste), donde permanecerá tres días antes de trasladarse a Quebec y luego a Iqaluit, en el archipiélago ártico.

Durante el viaje internacional número 37º que realiza desde su elección en 2013, el Papa argentino se dirigirá sobre todo a los nativos, a los pueblos amerindios ancestrales, que representan el 5% de la población de Canadá y están divididos en tres grupos: los pueblos originarios, los métis y los inuits.

Una visita dolorosa. Se trata de una visita lacerante, que realiza apoyado en un bastón por los dolores de rodilla que padece y programada en pleno julio, el tradicional mes de las vacaciones, para reiterar su cercanía a los indígenas y reconocer públicamente los errores y horrores cometidos durante décadas por la Iglesia.

El descubrimiento en los últimos meses de cientos de sepulturas de niños sin marcar, un testimonio de la segregación histórica que han sufrido los menores indígenas, sacudió a Canadá, por lo que muchos sobrevivientes pidieron un gesto contundente al Papa.

Entre finales del siglo XIX y la década de 1990, unos 150 mil niños indígenas, mestizos e inuits fueron reclutados a la fuerza en 139 internados en Canadá, donde fueron apartados de sus familias, su lengua y su cultura. Miles murieron, principalmente de desnutrición, enfermedades o negligencia, en lo que el Comité para la Verdad y la Reconciliación definió en 2015 como “genocidio cultural”. Otros fueron víctimas de abusos físicos o sexuales.

En el último año se han encontrado más de 1.300 tumbas anónimas de niños en los sitios de antiguos internados y las búsquedas prosiguen en todo el país. Se calcula que más de 6 mil murieron.

En abril, Francisco pidió “disculpas” durante una audiencia histórica en el Vaticano ante varias delegaciones de indígenas, en la que confesó también su “tristeza y vergüenza”.

Acudir en persona a Canadá resulta aún más emblemático, ya que el Papa latinoamericano conoce de cerca la trágica historia de los indígenas de América, como demostró durante el sínodo de obispos realizado en el Vaticano dedicado a la Amazonía.

Bajo el lema “Caminando juntos”, el Papa espera cumplir un gesto de reconciliación y construir puentes con una población que sufrió atrocidades, fue segregada y despojada de su patrimonio cultural, su lengua, su identidad y sus costumbres.

“Años de trauma”. La “peregrinación penitencial”, como la definió el mismo Papa, comenzará mañana con una escala en la localidad de Maskwacis, a unos cien kilómetros al sur de Edmonton, donde Francisco se encontrará por primera vez con los pueblos indígenas. Se prevé que unas 15 mil personas asistan al encuentro, entre ellas ex alumnos de internados de diferentes partes del país.

“Le daré la bienvenida”, adelantó John Crier, uno de los supervivientes, quien está convencido de que se trata de “una oportunidad para todos nosotros y para Canadá, de poder llegar realmente a una reconciliación”, explicó. “Me han dicho que permanecerá unos 52 minutos, no es mucho”, lamentó Randy Ermineskin, jefe de la nación Crie d’Ermineskin. “Mucha gente se sentirá decepcionada por el poco tiempo concedido, ya que son muchos los años que han sufrido traumas”, añadió.

El martes, el líder espiritual de los 1.300 millones de católicos celebrará una misa en un estadio con capacidad para 60 mil personas en Edmonton, tras lo cual se dirigirá al lago de Sainte-Anne, meta de una importante peregrinación anual.

Luego viajará a Quebec del 27 al 29 de julio, donde se reunirá con el primer ministro Justin Trudeau y celebrará una misa en el Santuario Nacional de Sainte-Anne-de-Beaupré, uno de los mayores lugares de peregrinación de América del Norte.

El 29 de julio, el jesuita argentino viajará a Iqaluit (Nunavut), ciudad al extremo norte de Canadá, donde se concentra el mayor número de inuit del país, para reunirse con antiguos alumnos de los internados, antes de regresar a Roma.

Crisis de la Iglesia. No se excluye que el Papa devuelva objetos indígenas expuestos en los museos del Vaticano, como un gesto de respeto por su patrimonio cultural.

La iglesia de Canadá, donde el 44% de la población es católica, registra una grave crisis, con un fuerte descenso de la práctica en los últimos años.

Francisco recorrerá 20 mil km pese a sus problemas de salud, que lo obligaron a presentarse en algunas ocasiones en silla de ruedas y a posponer una visita a África, prevista para principios de julio.

El Papa viajará acompañado por un médico y una enfermera. Francisco es el segundo pontífice que visita Canadá, después de Juan Pablo II, quien estuvo tres veces (1984, 1987 y 2002).

Reliquias de nativos en un museo vaticano

Guantes de piel bordados atribuidos a los Cree, mocasines decorados con perlas, una correa para niños del área del río Yukon y un rarísimo kayak que dos siglos atrás navegaba por aguas del río Mackenzie son algunos de los muchos objetos pertenecientes a los nativos de Canadá que las tribus reclaman que les devuelvan.

La visita del pontífice es un “peregrinaje penitencial” para proseguir en el camino de la reconciliación emprendido meses atrás con los Métis, Inuit y First Nations, poblaciones indígenas afectadas en la época colonial por políticas de asimilación cultural.

Pero no solo están en juego las acciones de la Iglesia en relación con los 150 mil niños obligados a frecuentar las llamadas “escuelas residenciales”, resquebrajando sus lazos con sus familias, con su lengua y su cultura de origen. Ahora, las mismas comunidades reclaman el retorno de los objetos pertenecientes a sus antepasados, mucho de los cuales fueron enviados a Roma para la vasta Exposición Misionera Pontificia convocada por el papa Pío XI en 1925.

Entregados por misioneros en todo el mundo, los objetos formaron, al cierre de la Exposición, la base del Museo Etnológico Misionero Anima Mundi. Piezas muy antiguas, ya ingresadas entre las posesiones de la Iglesia, confluyeron en el museo, entre ellas, manufacturas precolombinas donadas al papa Inocencio XII en 1692. Uno de los objetos que está particularmente en el corazón de los nativos es el kayak de caza de madera y piel de foca de cuatro metros de largo, perteneciente a miembros de las poblaciones Inuvialuit, del Ártico canadiense, antes de ser enviado desde Canadá al Vaticano, en 1924, por el entonces obispo del área del río Mackenzie, Joseph Elie Breynat. Solo seis kayaks del Ártico occidental sobrevivieron hasta hoy, incluido el de los Museos Vaticanos: los otros están en el Smithsonian, en Washington, el Museo Nacional de Dinamarca y el Museo de Historia Canadiense en Gatineau.

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