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“Bestia”: la macabra historia de una chilena que entrenaba perros para torturar en la dictadura de Pinochet

Felicitas Olderöck Bernhard fue agente de la temible central de inteligencia chilena luego del golpe de Augusto Pinochet en 1973.

Actuó en un centro clandestino llamado Venda Sexy, en Santiago. Su historia, las denuncias sobre sus espantosas prácticas y el corto de animación que puede llevarse la estatuilla el próximo 27 de marzo.

Ahora resulta que el Oscar va a consagrar, de alguna forma, a un pedazo de escoria humana. Nadie le pide tanto al glorioso muñequito de Hollywood que, en otros tiempos, premió a luchadores por la libertad, la democracia y a esas tres o cuatro cosas que queremos siempre rescatar: lealtad, valentía, honestidad.

La historia es esta. El cineasta chileno Hugo Covarrubias dirigió un cortometraje al que tituló “Bestia” y que retrata a Ingrid Felicitas Olderöck Bernhard, una ex agente de la temida Dina (Dirección Nacional de Inteligencia) que funcionó bajo el régimen del dictador Augusto Pinochet. Olderöck, un alto cargo en el cuerpo de policía militarizada de Carabineros, fue una torturadora temible en un centro clandestino de detención de Santiago de Chile conocido como “La Venda Sexy, bautizada así porque el método de tortura más común, y preferido, de aquellos agentes de la DINA era el de las vejaciones sexuales.
Torturas inimaginables
Según varios testimonios, la práctica más distintiva que esta mujer utilizaba contra los prisioneros incluía la participación de perros. La acusan de haber adiestrado perros para abusar sexualmente de las víctimas, cosa que era moneda corriente en “Venda Sexy”, una casa de dos pisos ubicada en un barrio de clase medio en Santiago de Chile. Este lugar habría sido el centro de operaciones de Olderöck.
La mujer, que jamás enfrentó a un juez por sus delitos hasta su muerte, el 17 de marzo de 2001, fue acusada de entrenar a perros pastores alemanes para que violaran a los secuestrados en La Venda Sexy, mujeres y hombres, entre otros terribles métodos de tortura. El cortometraje de Covarrubias es animado, porque no hubo quién le pusiera cara a semejante error de Dios, que se ganó en buena ley el sobrenombre de “La mujer de los perros”. Así se llama el libro de la escritora Nancy Guzmán, que la entrevistó en 1996, sin que Olderöck aceptara posar ante una cámara. Covarrubias definió su creación como “Un thriller psicológico sobre una mente siniestra”. Se quedó corto.

“Yo soy nazi desde chica, desde que aprendí que el mejor período que vivió Alemania fue con los nazis en el poder”, confesó Olderöck a Guzmán. Aquella pasión por la destrucción la embistió en la infancia. Sus padres, los tuvo aunque resulte difícil creer, habían emigrado de Alemania en 1925 y criaron a sus hijas, Olderöck tenía dos hermanas, Hannelore y Karin, en un ambiente de espartana estrictez, sin permitirles hablar español ni tener amigos chilenos. Decía ser la primera mujer paracaidista de Chile y de América Latina, experta en equitación, cinturón azul de judo, jugadora de tenis, hábil en la nieve con los esquíes, montañista y entrenadora de perros.

Esas credenciales le abrieron la puerta de Carabineros primero y, luego, de la DINA que dirigía el general Manuel Contreras, que murió en agosto de 2015. Ascendió rápido en aquella maquinaria de las fuerzas armadas chilenas encargadas del secuestro, tortura y asesinato de opositores desde el mismo día del golpe militar contra el socialista Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973. El espacio de privilegio de Olderöck en la DINA figura en el organigrama de aquella fuerza que muestra a Contreras como cabeza de la Dirección, debajo de la Junta Militar de gobierno. Seguía en la escala jerárquica la Brigada de Inteligencia Metropolitana, conocida como “Villa Grimaldi” que funcionó desde 1974 hasta 1978, al menos de manera formal. De Villa Grimaldi dependían las “Brigadas Represivas Purén, Caupolicán y Lautaro” y, de ellas, los Grupos Operativos. Olderöck fue miembro de la Brigada Purén, la única mujer en esa alta estructura represiva, junto a los generales del ejército Raúl Iturriaga Neumann, Germán Barriga Muñoz, Gerardo Urrich González y Manuel Carevic Cubillos.

La existencia de “La Venda Sexy” está confirmada por numerosos testimonios de detenidos en ese sitio de espanto y por la puntillosa investigación de Peter Kornbluch, “Pinochet: los archivos secretos”. Kornbluch es director del National Security Archive’s Chile Document Project y revela en su libro, entre otros sitios de tortura de la DINA: “La Discotheque o La Venda Sexy: casa situada en la santiaguina calle Irán que servía como centro de tortura a la DINA. Su nombre se derivaba de la música que, según los testimonios de los prisioneros, podía oírse a todas horas mientras se perpetraban diversos tipos de tormentos y del hecho que los agentes de este edificio mostrasen una clara inclinación por la tortura sexual. No fueron pocas las víctimas que desaparecieron tras sufrir vejámenes de esta índole”.
Para muestra un botón, Beatriz Bataszew, una sobreviviente de dicha vivienda, denunció la utilización de los mencionados animales en los métodos de tortura, a los que agregó colgamientos, ahogamientos, simulacros de fusilamiento, embarazos forzados, abortos forzados o descargas eléctricas en los genitales.
La casa funcionó en el 3037 de la calle Irán, esquina con Los Plátanos, comuna de Macul. Tenía un hall de distribución en la planta baja, una amplia escalera de mármol hacia el segundo piso, un comedor en desnivel, un escritorio, un baño de visitas con una ventaba chica, una cocina que daba a un patio por el que se accedía a un túnel. En la planta superior había tres dormitorios y el baño principal.

En ese escenario, Olderöck se movió como ama y señora. Había llegado a la DINA con el grado de capitán de Carabineros en octubre de 1973, un mes después del golpe de Pinochet. Formó parte de la Escuela Femenina del cuerpo, en la que cerca de setenta mujeres fueron instruidas en la tortura y en tácticas represivas contra los opositores a la dictadura. Las mismas fuentes que revelan el pasado de Olderöck afirman que llegó a conocer algunos planes secretos de la Junta Militar chilena, como el de la fabricación de gas sarín para ser usado contra los opositores.

En cuanto a la “mujer de los perros”tuvo que dejar su cargo en 1981 cuando fue víctima de un atentado en su contra y recibió un disparo en la cabeza. Aunque sobrevivió, las secuelas físicas no le permitieron seguir ejerciendo su rol. Años después, negó todas las acusaciones en su contra y nunca fue sometida a un proceso judicial.

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