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Comodoro Rivadavia

Rada Tilly una perla de la Patagonia

De esa infancia de recuerdos felices, imborrables, de esas épocas en que la vida era poco más que jugar y sorprenderse con el mundo, me queda para siempre Rada Tilly, una entonces inmensa playa y pequeña villa de verano, hoy ciudad, unos 15 km al sur de Comodoro Rivadavia, bien al sur de Chubut, casi en el límite con Santa Cruz.

Un rincón del mundo de esos que se clavan en el corazón con un sentimiento muy parecido a la felicidad. Una playa de cuatro kilómetros de largo que con marea baja se tornaba –se torna– inmensa, y hay que caminar varias cuadras para llegar hasta el agua. Quizás por eso siempre me costó entender por qué en otros lugares tapan la arena con tantas carpas, sombrillas, bares y demás. ¡Si lo más lindo de la playa es caminar por la arena!

Sigo yendo a Rada Tilly cada tanto,  a caminar por esa playa interminable, con ese mar a veces tan planchado como un lago y a veces tan bravo, cuando hay mar de fondo o se crispa con el viento. De chico podía pasar un buen rato zambulléndome en esas olas, sin sentir el frío del agua, que hoy me acobarda apenas la espuma pasa las rodillas.

Con marea baja quedaba –queda- a la vista la restinga, y partíamos de pesca y caza, con cañas y rústicos arpones caseros, en busca de róbalos y peces elefante que quedaban atrapados en lagunas, canales y recovecos en los que las olas saltaban como géiseres. Era un mundo fantástico en el que nos sentíamos Indiana Jones viviendo las más increíbles aventuras.

Hace 35, 40 años, Rada Tilly era una pequeña villa de verano donde algunos comodorenses tenían sus casas de fin de semana, de calles sin asfalto y con muchos espacios libres. Hoy, con más de 10.000 habitantes, los loteos ocuparon ya todo el espacio entre la ruta 3 y la playa y se extienden ahora al otro lado de la ruta, que ya es autovía, y avanzan sobre los cerros que rodean la pequeña ciudad.

La cima de Punta del Marqués, esa alta entrada de la tierra en el mar, era tierra virgen. Hoy hay un camino que permite llegar bien hasta la punta, donde hay una casa de guardafauna y miradores para ver la colonia de lobos marinos allá abajo, sobre las rocas donde saltan las olas. Hacia los lados, la inmensidad del mar y la estepa interminables; los edificios de Comodoro hacia el norte, la costa con sus playas hacia el sur que, despues me entere, tienen nombre: Belvedere, La Herradura, Bonita.

En La Herradura, donde ahora se construye ¡un barrio cerrado, entonces todo era super abierto. A veces, algún domingo íbamos a pasar el día ahí, con menos gente que en Rada Tilly. Recuerdo hacer un asado en la arena mientras las chicas armaban castillos y frases en la arena. Y aquella vez que logramos hacer un túnel que unía dos grandes pozos. ¡Qué emoción pasar por ahí abajo! Las olas nos llenaron de arena, risas y sal.

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