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Comodoro Rivadavia

Comunicación de datos duros convertida en una fantochada

Innecesaria, desubicada, chocante, inexplicable. La presentación de datos médicos fatales acompañada del sonsonete infantil. Hay libertades restringidas, pero no entiendo que en tiempos de distanciamiento social el reclamo por la institucionalidad se haga con marchas o concentraciones.

Cuesta entender qué calificativo se debe usar para la marcha que se convoca el 17 de agosto en “defensa de las instituciones”, sobre todo, cuando escribo esto mirando por enésima vez el anuncio de los fallecidos y contagiados por COVID-19 acompañado por una canción infantil interpretada por una payamédica, con coreografía de Carla Vizzotti.

Innecesaria, desubicada, chocante, inexplicable. Aclaro que esos adjetivos se los atribuyo a esa presentación de datos médicos fatales acompañada del sonsonete infantil. La marcha en medio de la crisis del Coronavirus no tiene demasiado sentido y es peligrosa en lo sanitario. La canción del caracol y del pulpito coronan la estupefacción flagrante que causa quien ha perdido sentido de realidad. Me cuesta entender por qué se la sometió a semejante dislate a la gran funcionaria de salud Vizzotti. Me cuesta entender que se crea que en el día del niño (o en cualquier día) los niños se paran frente a la tele para ver el reporte de fallecidos y, por eso, vale la pena poner a un payaso cantando. Me cuesta creer que eso sea un signo de desconcierto más de las autoridades nacionales.

Me cuesta entender que muchos no vean que no hay funcionamiento republicano con plena división de poderes en esta coyuntura. Me cuesta creer que no se vea que falta Poder Legislativo y que hay un intento de atropellar al Poder Judicial.

El Presidente de la Nación dice que la cuarentena no supone la discusión de las libertades. Cuesta creer que un profesor de derecho diga eso. La cuarentena, o como se llame la restricción de libertades vigentes, existe. El nombre, cuarentena, se lo dio el propio Poder ejecutivo nacional y sus funcionarios que hasta cinco minutos antes del discurso del viernes en el que el presidente abolió por imperio de su sola voz, la invocaban. ¿Hace falta citar los cientos de discursos de ellos hablando de cuarentena? “Compro cuarentena hasta septiembre”, “no nos enamoramos de la cuarentena”, “hay que acostumbrarse a la cuarentena”, “botón rojo”, fueron frases que no tienen 200 horas de antigüedad. Dejémonos de embromar.

fuente – Infobae – autor – Luis Novaresio

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