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Comodoro Rivadavia

Te ayudo, pero el ajuste ¡hacélo vos!

Estas parecen haber sido las palabras que escuchó el Gobernador Arcioni en su última peregrinación al Estado Nacional, ya que solo lo “ayudaron” a terminar de pagar los aguinaldos.

Traducido en términos económicos, lo que está pasando en Chubut es que la escasez de recursos y la enormidad de gastos que hay que afrontar impide establecer prioridades.

Por caso, enorme es el monto de los sueldos de los 61 mil salarios públicos (entre activos y pasivos) que hay que pagar todos los meses (que equivalen a unos 4.000 millones de pesos).

Entonces, las diversas ideas y proyectos que andan dando vuelta para intentar recomponer el perfil productivo de la provincia, que podrían generar empleos, mayores ingresos y la suficiente riqueza para atender las necesidades, pasan al olvido inmediatamente.

Arcioni no fue muy claro con respecto al reordenamiento que anuncio días atrás, apenas si habló de “optimizar recursos del Estado”, cuando en realidad lo que le reclaman de Nación es que ordene los números y presente un plan sustentable para racionalizar los gastos.

Nada va a funcionar si no se atacan temas históricamente “tabúes”. A viva voz nadie puede estar de acuerdo en achicar la planta de empleados estatales como una medida de ajuste simplista y economicista pero por lo bajo se dice cualquier cosa.

Alguien tiene que tener el valor de empezar a separar la paja del trigo máxime escuchando que todos los actores coinciden en que el tamaño del estado es desproporcionado. Alguna vez, un gobernante debería sacarse de encima a los miles de “ñoquis” que contaminan la administración pública, que fueron sumándose en distintas épocas y lograron sobrevivir invisibles en las distintas capas del Estado. De todos los poderes, porque hay “ñoquis” de sobra en la administración central pero también en el Poder Legislativo, el Judicial y los municipios. Si no se admite primero esta realidad es porque nadie quiere cambiarla.

Canal 9 se ocupó de detallar con los números en pantalla el engrosamiento del Estado, por lo tanto no vamos a hablar sobre lo que sucedió durante los dieciséis años de Mario Das Neves, sus discípulos Martín Buzzi, César Gustavo Mac Karthy y el propio Arcioni.

En esos tiempos, el Estado provincial se convirtió en una “bolsa de trabajo” sin fondo.

“Al que le quepa el sayo, que se lo ponga”. En épocas en la que el precio del petróleo cubría todos los déficits nadie pensó en las vacas flacas que iban a venir irremediablemente. Pues ahora, las vacas están más flacas que nunca a las puertas del Estado y alguien tiene que darles de comer.

Si algunos piensan que el esfuerzo lo tiene que hacer siempre el otro, entonces los problemas seguirán estando más vivos que nunca. Porque no se puede seguir apretando la teta del Estado. Ya no tiene sentido, se acabó la leche.

 

 

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