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Comodoro Rivadavia

Mundial de rugby: Los Pumas y una larga pesadilla que obliga a repensar el futuro

La caída con Inglaterra es el producto lógico de una serie de malas decisiones tomadas en los últimos tiempos.

El análisis debe ser más amplio. Se impone después de lo que sucedió tras la derrota ante Inglaterra porque allí se estableció la despedida de Los Pumas en el Mundial de Rugby. El seleccionado argentino no se quedó afuera de Japón 2019 luego de que Ben Youngs apoyara el tercer try de su equipo sobre el cierre del primer tiempo y decretara el golpe de nocaut.

Tampoco la eliminación empezó a gestarse en la expulsión de Tomás Lavanini o, yendo más allá en el tiempo, a esa primera etapa para el olvido ante Francia que hizo todo cuesta arriba desde el arranque. Se puede ir más lejos aún.

Fueron cuatro años muy difíciles para el equipo que representa la elite del rugby argentino después del cuarto puesto conseguido en el Mundial de Inglaterra. Porque ni en lo que quedó del ciclo de Daniel Hourcade que terminó con la derrota ante Escocia del 23 de junio de 2018 ni en lo que va del de Mario Ledesma que arrancó también con un paso en falso frente a Sudáfrica el 18 de agosto de ese año, se pudo enderezar el barco. Fueron 44 partidos y apenas nueve triunfos contra 35 encuentros perdidos que, incluso, hicieron que Argentina perdiera terreno en el ranking y por esa razón debiera compartir el grupo del Mundial con otras dos potencias. Pero lo peor no son las estadísticas en contra.

Después de Inglaterra 2015 la Unión Argentina de Rugby armó un plantel profesional por primera vez en su historia. Con el propósito primario de jugar el Super Rugby pero con el objetivo final de que la participación de una franquicia argentina en la mejor competencia de clubes del hemisferio Sur reflejara una mejoría en Los Pumas. Y no ocurrió nada de eso.

En el marco de ese plan los dirigentes decidieron que los jugadores que emigraran a Europa perderían su lugar en el seleccionado. Y aunque luego esa medida tuvo flexibilidad (Nicolás Sánchez, Benjamín Urdapilleta y Juan Figallo fueron parte del plantel mundialista), quedó la sensación de que “no siempre los mejores juegan en el mejor equipo”. Se apostó al futuro, pero se dejó de lado lo más importante. Y Los Pumas deben ser la prioridad. Existe ese mensaje de dirigentes y entrenadores, pero hay que ratificarlo con hechos y no sólo con palabras. Todo debe estar subordinado al objetivo de que el seleccionado sea la punta del iceberg.

El Mundial terminó siendo una pesadilla que incluyó la no convocatoria al partido más importante de los últimos cuatro años de quien llegó a Japón como el apertura titular de los últimos siete, lapso en el que además se consagró como el goleador del Mundial 2015. Pero no sólo fue (al menos y por denominarla de una manera elegante) muy llamativa la exclusión de Nicolás Sánchez más allá de que el tucumano estuvo muy lejos de su mejor versión: Los Pumas terminaron jugando ante Inglaterra con un apertura improvisado como Jerónimo de la Fuente y con la sensación de que el equipo no tuvo jamás un plan B o, mejor dicho, muchas veces no se supo a qué quiso jugar.

A Mario Ledesma le quedan dos años de contrato y muchos piden su cabeza. ¿Sería positivo removerlo del cargo aun cuando tenga diferencias con algunos jugadores? Para nada. ¿Es Ledesma culpable de lo que sucedió? Sí porque fue el máximo responsable a la hora de tomar las decisiones fuera de la cancha.

Pero también lo son los jugadores porque muchos de ellos fallaron adentro, en el momento en el que tenían que explotar. Ahora la pregunta también es: ¿cuenta Argentina con jugadores de los llamados en el mundo del rugby world class? Tiene sólo uno: Pablo Matera. Y el capitán pareció condicionado por una lesión que lo obligó a infiltrarse. Los Pumas, entonces, tienen sólo buenos jugadores. Y punto. Por eso se impone trabajar para seguir buscando alternativas de jugadores de categoría internacional que impongan un liderazgo, además.

En el rugby moderno y súper profesional ya no se gana más con la “garra Puma” o con “la mística del 65 con el ADN del tackle” o con “un scrum que vaya para adelante”. Hoy hay que poner los pies sobre la tierra y empezar a ver una realidad que, seguramente, es muy diferente.

En Japón los tres cuartos no rindieron, no hubo una buena conducción, faltaron ideas y profundidad en el juego y, quizá, hubo hasta un agotamiento mental por la participación de los mismos jugadores en el Super Rugby.

Se dice en el rugby que todo equipo puede jugar de tres maneras: como quiere, cuando juega según el gusto de su entrenador; como puede, cuando el adversario no permite jugar como uno quiere; o como debe, cuando juega de la forma más conveniente para ganar. El desafío pasará siempre por encontrar uno, dos o esos tres modos. Aquellos equipos que lo hacen encontrarán más fácil el camino del éxito. Y a eso deberán ir Los Pumas de cara al futuro.

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