12 de junio: Día Mundial contra el Trabajo Infantil

Las estadísticas revelan que son alrededor de 12,5 millones de niños latinoamericanos y 168 millones en todo el mundo los que se levantan cada mañana para ir a trabajar, abandonando su infancia y sus estudios y su tiempo para crecer. Ellos son niños adultos, un concepto que se debe erradicar de nuestra sociedad.

¿Qué es el trabajo infantil?

Es toda actividad económica o estrategia de supervivencia remunerada o no, realizada por personas que se encuentran por debajo de la edad mínima de admisión al empleo.

El trabajo adolescente es el realizado por personas de 16 y 17 años.

El trabajo infantil peligroso refiere a aquellas actividades laborales realizadas por personas menores de 18 años y que se encuentra prohibidas por la normativa vigente.

El trabajo infantil quita a las niñas y a los niños oportunidades de aprender y jugar, es decir, de vivir plenamente la niñez.

El trabajo infantil produce daños físicos y psíquicos, en algunos casos irreversibles.


El trabajo infantil, prohibido en el derecho internacional, queda comprendido en tres categorías, a saber:

Las formas incuestionablemente peores de trabajo infantil, que internacionalmente se definen como esclavitud, trata de personas, servidumbre por deudas y otras formas de trabajo forzoso, reclutamiento forzoso de niños para utilizarlos en conflictos armados, prostitución y pornografía, y otras actividades ilícitas.
Un trabajo realizado por un niño que no alcanza la edad mínima especificada para ese tipo de trabajo (según determine la legislación nacional, de acuerdo con normas internacionalmente aceptadas), y que, por consiguiente, impida probablemente la educación y el pleno desarrollo del niño.
Un trabajo que ponga en peligro el bienestar físico, mental o moral del niño, ya sea por su propia naturaleza o por las condiciones en que se realiza, y que se denomina «trabajo peligroso»

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