25 de abril: Día Internacional de la Lucha contra el Maltrato Infantil.

Esta fecha se crea para fomentar los derechos de los niños a nivel mundial, así como para concientizar a la sociedad sobre las consecuencias del maltrato en los niños.

Se considera maltrato tanto al abuso físico y emocional hacia un menor, así como el propio abandono. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) una cuarta parte de los adultos de todo el mundo declara haber sufrido abusos en su infancia.

La magnitud del problema es inmensa, porque también hemos de hacer frente a esa violencia implícita pero defendida por muchos países donde, por ejemplo, muchas niñas son obligadas a casarse, convirtiéndose así en “mercancía”, y arruinando por completo su infancia, e incluso su vida.

A su vez, realidades tan duras como la ablación, el abandono e incluso el bullying que viven muchos de nuestros niños y adolescentes en los colegios son claros ejemplos de lo cercano y real que es el maltrato infantil.

A nivel mundial la Unicef realiza campañas de prevención y sensibilización del maltrato infantil, pero no es el único ente que lucha por el bienestar de los chicos, en estas campañas también participan gobiernos, instituciones, empresas e individuos.

Algunas clases de maltratos son:
Física: cualquier acción intencional que provoque daños físicos en el niño, sean estos visibles o no, como por ejemplo: quemaduras, golpes, pellizcos, fracturas, entre otras.

Psicológico: es cualquier actitud que provoque en el niño o niña sentimientos de descalificación o humillación.

Por negligencia: es la no protección del niño ante eventuales riesgos y la no atención de sus necesidades básicas cuando los padres o cuidadores están posibilitados para hacerlo.

Abuso sexual: es el ejercicio abusivo de poder de un adulto hacia un niño que implica la satisfacción sexual de quien lo ejerce en detrimento y desconocimiento de la voluntad del niño.

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Otra forma de someter a los niños a situaciones de violencia es cuando estos son testigos de maltrato o abuso sexual hacia terceros. Se considera que las consecuencias son similares a las que experimentan los niños que viven la situación de violencia en forma directa.

 

No sólo los golpes son maltrato

La mayoría de los adultos vemos como maltrato infantil sólo aquel comportamiento que supone violencia física. Y esa forma de maltrato corporal recibe, con toda justicia aunque no en la medida deseable, la reprobación social y legal correspondiente. Pero hay otras formas de maltrato como los gritos, los insultos y la indiferencia que, aunque no dejen marcas visibles en el cuerpo, lastiman la confianza, la seguridad y la autoestima, y afectan el desarrollo sano de nuestros hijos e hijas.

Todos los padres y madres nos vemos enfrentados diariamente a la difícil tarea de educar a nuestros hijos e hijas para que sean adultos plenos, felices y  capaces de desarrollar todo su potencial. Pero en esa cotidianidad pasamos por alto formas de maltrato psicológico que están naturalizadas, incorporadas en el trato hacia nuestros hijos e hijas, sin advertir las consecuencias actuales y futuras que tienen y tendrán en los seres que más amamos.

Este tipo de maltrato, justamente por estar naturalizado, se vuelve invisible, pero no por ello deja de sentirse.Cuando les gritamos a nuestros hijos para que entiendan algo, no entienden, nos temen. Cuando los comparamos con otros chicos o chicas, no están comprendiendo su falta, se sienten disminuidos. Cuando los ridiculizamos, no están riéndose, se sienten humillados. Cuando los acusamos de “llorar como un bebé”, en realidad les transmitimos que no es bueno expresar cómo se sienten..

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Cuando ponemos más énfasis en marcar sus errores que en felicitarlos por sus aciertos, estamos volviéndolos personas inseguras y con menos recursos internos para quererse y respetarse a lo largo de su vida. Cuando no los escuchamos, se sienten solos y desprotegidos.

No es lo mismo etiquetar a un chico de egoísta que explicarle la importancia de aprender a compartir. Porque es muy probable que de tanto repetirle que es egoísta, termine convirtiéndose en un adulto con incapacidad de compartir y de ponerse en el lugar del otro.

Sabemos que no fácil la tarea de ayudar a crecer a  nuestros hijos e hijas. Señalar los límites, construirlos en conjunto, acompañar el desafío de aprender a vivir responsable y solidariamente, es sin duda nuestro más importante objetivo como mamás y papás. Por eso, es necesario que como adultos reflexionemos qué clase de modelo somos para nuestros hijos.

Un buen ejercicio es preguntarnos:

¿Cómo les explicamos a los chicos qué es lo que está bien y qué es lo que está mal?

¿Conocemos qué piensan y qué sienten nuestros hijos/as?

¿Cómo les transmitimos nuestro enojo?

¿Somos capaces de trasmitirles confianza y seguridad?

Es importante  recordar que no es cierto que las palabras o los insultos se olvidan sin dejar marcas.

Escuchar la palabra de un niño, una niña o adolescente ayuda a conocer sus emociones y a construir límites y acuerdos claros en un ambiente de cuidado y de respeto que van a constituir valores centrales de su vida adulta y en sus relaciones familiares y con sus semejantes.

Cuando educamos a nuestros hijos construimos la sociedad de adultos del mañana. Necesitamos entonces guiarlos, para que puedan formarse como personas plenas, solidarias, que elijan el diálogo en lugar de la violencia, el respeto y la tolerancia, en lugar de la discriminación, porque así estaremos construyendo una mejor sociedad, para nuestro presente y nuestro futuro.

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